Merlín y la ley JUNJI

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Publicado el 18 agosto, 2012

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Reducir la calidad de la educación preescolar es algo que nos debiese escandalizar a todos y en las últimas semanas se han oído muchas voces autorizadas, entre ellas la de Estela Ortiz, ex directora de la JUNJI durante el gobierno de Bachelet, Educación 2020 y la Organización Mundial de Educación Preescolar (OMEP) diciendo que, al aumentar el número de niños por adulto, la calidad de lo que se ofrece estaría en riesgo. Todo lo que se ha avanzado en estos años, ahora retrocede.

Es brutal disminuir la calidad de la educación preescolar principalmente porque estudios internacionales muestran una y otra vez que el acceso a un buen jardín infantil hace grandes diferencias en términos del desarrollo tanto cognitivo como social de los niños y su desempeño académico posterior[1]. Me pregunto entonces porque el Ministerio de Educación, organismo compuesto por seres racionales e informados, decide ir en contra de evidencia que se ha ido acumulado por años, y creo que puede estar fundado en estudios que no corresponden a los jardines infantiles, sino al nivel escolar. El problema entonces es que, al revés de lo que se encuentra en la educación escolar, en los jardines infantiles el número de niños por adulto sí hace la diferencia, es un factor importante. Parece como si hubieran verdades absolutas, al parecer una vez más estamos frente a una receta que se olvida de lo complejo y diverso que es el sistema escolar.

Quisiera detenerme en este punto. El número de niños por adulto es importante en la educación preescolar, pero no es una medida mágica. No se trata de que si disminuimos el número de niños por adulto entonces aparece Merlín y la educación y estimulación que los niños reciben mejora por efecto de su barita mágica. Menos niños por adulto permite que hayan más interacciones entre niños y el adultos, pero eso no quiere decir que estas interacciones sean de calidad. Mejorar la calidad de estas interacciones es muy difícil y me parece relevante reflexionar por qué.

Es difícil porque cambiar prácticas es muy complejo. No sólo para los profesores, sino para todos nosotros. Imagínese lo siguiente, usted trabaja en una oficina y hace algunos años aprendió a usar Excel. Con el tiempo se ha ido perfeccionando en su forma de ocupar esta herramienta, sin embargo, esta sigue siendo rudimentaria y podría ser mucho más eficiente. Es por ello que un buen día lo mandan a una capacitación donde le enseñan nuevas y mejores maneras de usar esta planilla de cálculo. Es cierto, hay maneras mucho más eficientes de usar esta herramienta, pero aún así me pregunto ¿cuál es la probabilidad real que usted cuando vuelva a su oficina cambie su manera de trabajar con Excel? Baja, muy baja. Lo más probable es que siga haciendo más o menos lo mismo y de más o menos la misma manera. Cambiar prácticas es MUY difícil. Perdóneme la redundancia, pero el cambio de prácticas, para que exista, debe suceder en la práctica.

Aún más, si a eso le agrega que usted trabaja solo sin nadie que le muestre cómo ser más eficiente el uso de Excel, el panorama se hace desolador y la posibilidad de mejorar casi imposible. Esta es la realidad de la gran mayoría de los docentes: en general trabajan solos, sin nadie que les muestre EN LA PRÁCTICA como hacer su trabajo de una mejor manera. La teoría educativa es linda y comprensible, pero el paso de la teoría a la práctica es lo que hace toda la diferencia entre interacciones de buena o regular calidad.

Volviendo entonces a la polémica que ha causado este cambio en el marco legal de los jardines infantiles en Chile, la verdad es que nadie puede aplaudir un retroceso en las políticas de primera infancia. Pero tengo mis dudas respecto de cuanto ganarían los niños si están en una proporción de 24 en lugar de 32 por educadora. Si estas ganan en promedio menos de $300.000[2] (y siendo así, es probable que tengan un segundo trabajo), una disminución en el número de niños por docente tendrá impacto en los aprendizajes y en el desarrollo sólo como obra de Merlín el mago.

Necesitamos a Merlín porque con la baja valoración por su trabajo y el consiguiente bajo sueldo que reciben las educadoras, la verdad es que dudo haya tiempo o energía para embarcarse en la difícil tarea de mejorar las prácticas, independiente del número de niños que tengan a cargo. Se necesita de magia y de mucha magia para que un cambio estructural de este tipo tengo impacto en el desarrollo y los aprendizajes.

No apoyo la medida,  ya que si bien una disminución en el número de niños por adulto no es garantía de una mejor estimulación, su aumento sí garantiza menos interacciones con un adulto. Creo que necesitamos primero mejorar los sueldos de las educadoras para que puedan dedicar todas sus energías a esta importante tarea. Junto con ello necesitamos fortalecer su trabajo con planes de desarrollo profesional prácticos y que sucedan en el jardín, si queremos que estos sean algo más que guarderías. Sólo entonces una disminución en la razón de niños por adulto tendrá un efecto real en el desarrollo de los niños.

Es urgente. Mientras tanto necesitaremos a Merlín con toda su magia, mucha magia.

 

 


[1] Early Childhood Education In Mexico. Expansion, Quality Improvement, and Curricular Reform (2007);
CHILD-CARE STRUCTURE → PROCESS →OUTCOME: Direct and Indirect Effects of Child-Care Quality on Young Children’s Development (2002)

[2] De acuerdo con Valenzuela, et.al. (2010). “Remuneraciones de los docentes en Chile: Resolviendo una aparente paradoja”

2 Comentarios

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  1. Buena columna. Ojalá se debatiera más sobre educación preescolar y cuidado de la infancia. Es un tema clave para emparejar la cancha y labrar verdaderas posibilidades de desarrollo a los que nacieron con menos.

  2. Necesitamos varios Merlín para concientizar a políticos de inyectar mas recursos en salas cuna y jardines infantiles, dotarlos de condiciones óptimas para la crianza de nuestros niños. Los universitarios monopolizan debate, pero la solución a la inequidad en educación comienza desde la más tierna infancia.