La discriminación es un acto, un verbo, una acción, un pensamiento, también un sentimiento, pero antes que todo lo previamente dicho, la discriminación es una idea. Una idea que hemos construido a partir de la palabra, una idea que hemos ido cargando de significado y contenido a través del manoseo social. Y las ideas no sólo son contagiosas, sino que utilitaristas en esencia y mutan con tal de mantener vigencia en el tiempo.
Me gusta pensar que las palabras están muertas pero resucitan constantemente a través de su significado o del contenido que van tomando, ahí radica la magia del lenguaje. Y si es el contenido que le damos a la palabra lo que la mantiene con vida y ese contenido se transforma en el tiempo, al mismo tiempo que se transforman nuestros sueños y deseos, entonces tenemos la opción y posibilidad de re-posicionar la discriminación, lo que probablemente sea el primer paso para enfrentar el problema de la desigualdad.
Porque para que andamos con rodeos, la idea de la discriminación está asociada principalmente a una acción o pensamiento negativo que se ha construido principalmente en el eje de la oposición y la subyugación.
Pensémoslo, pero sin pensarlo demasiado, cuando pensamos en discriminar ya no pensamos en ordenar, separar, clasificar, no, no, no. Estamos pensando en alejar, subyugar, enjuiciar y esto lo hacemos en los más distintos y variados frentes. La discriminación se ha transformado en la manera o en la herramienta preferida del sistema social en que vivimos. Discriminar no es sólo lo que nos permite definirnos como “lo uno” y al mismo tiempo darle sentido a la idea de “lo otro”. Discriminar también nos protege, nos conserva, nos hace sentir seguros, acompañados y a salvo. Claro, si discriminamos a los otros, estamos con los unos, con los propios. La discriminación así como la conocemos (hasta) ahora es la base del Conservadurismo.
Paradógicamente los grupos que han sido objeto de mayor discriminación han usado esa fuerza a su favor para obtener el poder necesario y lograr primero que todo una idea o sensación de cuerpo, de existencia, de grupo, de fuerza. Luego, con un poco de organización, han sabido pararse y canalizar esa energía para lograr un lugar de poder en el orden social. Sexo, género y raza, feministas, homosexuales y negros, han sido los casos más emblemáticos ya que estas son discriminaciones que afectan características naturales del Ser Humano. Coincidentemente estos grupos se han transformado en inspiradores ejemplos del Liberalismo.
Todavía hasta hace bastante poco tiempo, ser Mujer era una condición de clara desventaja frente al ser Hombre (aunque en China sigue siendo una mala tarde si tu mujer da a luz una niñita). Nuestra sociedad no coloca el foco de atención en el Ser , sino en los calificativos del Ser. Es la identificación de ciertas características lo que permite el ejercicio de la discriminación, ejemplo de esto son homosexuales, nerds, y otros que no vale la pena nombrar. Chutas, no vaya a creer que estoy discriminando a los otros que no señalé. No, es por pura mala memoria y algo de sueño.
Un par de preguntas para conocernos mejor. ¿Estamos de acuerdo en que lo importante no es cuanto dinero ganamos, sino qué hacemos con ese dinero? Si?, que bueno, porque probablemente nunca ganemos más de lo que imaginamos.
¿Estamos de acuerdo en que lo más importante no es cuanto tiempo libre tenemos, sino en qué y con quién lo ocupamos? También!, cuanto mejor.
Entonces espero que también podremos estar de acuerdo en que lo importante no es la discriminación, sino para que la usamos. Hasta ahora nuestra sociedad discrimina para castigar, para generar miedo, para asegurarnos de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Esto es un potente signo de que hemos dejado de usarla simplemente para tomar conciencia de “lo uno” y de “lo otro”, sino que evidencia que una vez hecha la diferencia no estamos colocando el foco en nosotros, en potenciar nuestras fortalezas, sino que colocamos el foco en potenciar las debilidades del otro. Preferimos construir una sociedad donde “los otros” sean débiles, no existan o existan bajo total control. Preferimos hacer perder valor al “otro” para así sentirnos poderosos o dejar de sentirnos amenazados por la belleza de lo que es nuevo.
Es aquí donde la discriminación se apareó con la desigualdad y la palabra revivió con un nuevo significado. Porque ser distinto no es malo ni bueno, ni mejor ni peor, ni horrible ni bello. Discriminar se ha vuelto nuestra manera de relacionarnos con todo, nos hemos vuelto expertos en desvalorizar, chaquetear, ningunear, rechazar y tan poco abiertos a aprender y valorar lo que es ajeno y distinto.
Y no es necesario recurrir nuevamente a los movimientos de la historia, sino que basta con recordar un par de conversaciones en la oficina o los temas de la última comida con los amigos.
Quiero creer que somos valientes y poderosos por naturaleza y cobardes y frágiles por efecto de la sociedad, pero si en esta sociedad somos responsables de establecer nuestras propias reglas y someternos a ellas libremente para que gobiernen nuestros destinos, también tenemos el poder de romperlas y volver a crearlas para reparar lo que no funciona como debiera.
Se me acabó el sueño y me acordé de los Hippies, que finalmente fueron relegados a un lugar de honor del romanticismo, un lugar desde donde son inofensivos y desde donde siempre pueden recordarnos que salirse del sistema no sería buena idea.
También me acordé de los Pinguinos, que movilizaron el espíritu crítico de la juventud aunque quedaron congelados en las eternas mesas de diálogo. Me acordé también de lo mucho que me gustan Camila Vallejos y Giorgio Jackson que hasta ahora han logrado lo que pocos se atrevieron alguna vez a pensar. Ellos representan una generación que no tiene miedo del sistema, no temen del Gobierno, ni temen de los “adultos”, ellos han puesto sus fuerzas y sus energías en ellos mismos, en sus capacidades, en sus sueños. Ellos no están en el eje de la oposición y subyugación, están simplemente en el eje de “lo uno” y “lo otro” . Es que conversar o negociar sin miedo abre puertas que no sabíamos que existían, la lógica de los acuerdos no es la lógica del ceder, de entregar para ganar. La lógica de los acuerdos es la lógica del aprender de aquello que hasta poco antes nos hacía discriminar.
El tema de la discriminación y sus derivados es una invitación abierta a conectarnos con la idea de nosotros mismos, del yo, de lo mío, de lo propio, de lo obrado, de la propia historia, pero por sobre todo con la idea de “lo otro” y la posibilidad de perderle el miedo, de no necesitar alejarlo, separarlo, enjuiciarlo, ensuciarlo o mejor dicho discriminarlo. Discriminar para aceptar, incluir o para valorar hoy suena a contradicción, pero antes sonaba a otra cosa también.
Trabajo en publicidad, así que no es extraño que después de escribir esta columna haya llegado a la conclusión de que la idea de la discriminación tiene un problema de posicionamiento. En otras palabras la discriminación no es mala, sino que está mal posicionada y claramente mal usada.
El que este libre de pecado que lance la primera piedra, dijo un maestro alguna vez.



14 noviembre, 2011 a las 17:16
La discriminación no es un acto consciente. Como dije en otra columna, hasta los perros, y lobos discriminan al animal mas viejo o débil. Lo consciente es la discriminación positva. Odio la discriminación positiva.
14 noviembre, 2011 a las 21:33
Hola Lola,
Perros, gatos lobos si son concientes.
La diferencia entre la conciencia de un animal y la conciencia del hombre es que el hombre es conciente de que es conciente, o en otras palabras, el hombre sabe que sabe. Lamentablemente al mismo tiempo suele ser la causa misma de la ignorancia o del orgullo desmedido o vanidad o soberbia, etc…pero eso ya es otro tema. gracias por opinar y debatir.
14 noviembre, 2011 a las 22:05
Felicitaciones x tu columna.
Estoy de acuerdo con lo que dices,aunque temo, tu me dirás si es el caso, de que muchas veces se habla de la discriminación como una victimización a quienes son discriminados. En eso discrepo, puesto, también muchas veces, quien discrimina lo hace por haber sido víctima de situaciones que lo llevaron a discriminar. Creo que efectivamente el ser humano discrimina, es su condición humana y poco se puede hacer al respecto (salvo darse el trabajo de no hacerlo). Leí en las opiniones de otra columna que ponía ejemplos de discriminación mas “fina”, como la madre conservadora que no quiere cierto tipo de novio/novia para su hijo/hija, o el jefe que no quiere contratar a la mujer gorda, etc. Hay casos en que una mujer fea no consigue citas, ni quien la acompañe a un matrimonio.
14 noviembre, 2011 a las 23:11
Esa es otra arista, sentirse discriminado o echarle la culpa al empedrado dicen por ahí, a veces es el camino corto para no hacerse cargo de lo que es real. Asumir la realidad es la base para potenciar “lo uno”. Es el camino de la acción y no del pensamiento o la ilusión. Soy pelado, soy chico, soy gordo, soy esto o aquello, y esa es la causa de mis males??? No, en realidad “uno” es mucho más que eso y quedarse pegado en ello te lleva a validar cualquier estigmatización y discriminación.
Otro punta que me gusta de tu comentario es “darse el trabajo de no hacerlo”… se explica por si sólo, si esa es la gracia de ser conciente.
gracias por conversar
14 noviembre, 2011 a las 22:08
Debiéramos aprovechar de ser honestos, y pensar en qué casos discriminamos. Si nos creemos mejores personas y discriminamos positivamente, si discriminamos a quienes piensan distinto o a quienes no piensan, si discriminamos socialmente, (en mi caso reconozco que tengo prejuicios sobre la gente que viene de nichos religiosos-conservadores), etc.
Felicitaciones.
15 noviembre, 2011 a las 12:25
muy de acuerdo.
gracias
14 noviembre, 2011 a las 22:28
Uf. Discriminización es una palabra que ha agarrado fuerza para un solo lado, al punto de tener vida en si misma aunque el contexto de la discriminización sea tantas veces tan relativa.
Entendí la discriminización viviendo fuera de Chile, entre otras cosas, porque fue donde me sentí verdaderamente discriminado.
Con el tiempo llegué a aceptar que no les gustara mi condición de inmigrante (sudaca en mi caso) porque ellos muchas veces venían a imponer sus costumbres y esto les resultaba invasivo. Me acuerdo de las mujeres intimidadas por musulmanes, discoteques de latinos donde siempre habían problemas de drogas o peleas con heridos graves, ciudadanos cuyos negocios sucumbían ante la competencia de chinos, que tenían por empleados a otros chinos sin contrato y pocas veces daban boletas, lo que les permitía reducir costos.
Entendí también que quienes mas discriminaban eran las personas pobres, puesto se “exponían” a diferentes peligros mientras que intelectuales de mejor situación, protegidos y desde la comodidad de sus vidas ocultamente burguesas hablaban de lo feo que era discriminar, de lo mal que quedaban los europeos cuando no querían convivir con gitanos o latinos o africanos, sin tener ellos que convivir con gente que efectivamente atentaba contra la integridad y seguridad diaria de su metro cuadrado.
Ví de cerca muchos casos violentos de tratas de blancas y esclavitud sexual, (por razones laborales) y la mayoría de estos casos eran de mafias de países eslavos o similares: rusos, ucranianianos, rumanos, bosnios en su mayoría. Yo no quisiera discriminar, pero si tuviera una hija y viviera en un lugar donde ellos operen, le diría, por protección que discrimine.
Aprendí que uno no puede si no entender la naturaleza del discriminador (vecinos de comunidades gitanas peligrosas que viven con miedo no pueden querer a quienes atentan contra la seguridad de su familia; padres de familia cuyo piso da a una plaza donde diariamente se emborrachan ecuatorianos no pueden sentir un prejuicio a esa raza;) puesto este muchas veces discrimina por supervivencia, sino que criticar a los sistemas que hacen que ciertos grupos humanos se comporten de maneras que llevan al resto a discriminarlos. Sería mas lógico criticar el sistema (por poner un ejemplo) en Rusia, cuyo capitalismo y poca regulación llevó a la proliferación de las mafias, que discriminar a los rusos por ser posiblemente mafiosos, pero en mi vida diaria, si veo a un ruso tatuado con collares y dientes de oro, rodeado de mujeres vestidas de prostitutas y temerosas, no le diré donde viven mis hijas.
14 noviembre, 2011 a las 23:21
Hola,
Entiendo lo que planteas, sin embargo una cosa es exponerse a actos violentos o protegerse de ellos y otra es discriminar, en el entendido de tu comentario de que se hace un juicio generalista a priori a partir de un conocimiento o experiencia particular.
Discriminar hoy se entiende como un acto del ejercicio de poder vertical, sea este de un político, un policia, un profesor, un mafioso, etc. Otra cosa es poner limites (a la agresión por ejemplo) o tener claro los gustos o intereses propios.
La discriminación actua como un protector mental a priori. Si conoces a un ruso simpático, tierno y amable, vas a estar esperando que algún día te ponga la mano en el cuello?
saludos
14 noviembre, 2011 a las 23:29
Discriminar es sinónimo de descartar y en algunos casos mas tristes y pobres de discernir. Es un paradigma de positivismos y negatividad utilitarista (en ambos frentes), pero justificada por un patrón de tiempo y acomodo. Es lindo discriminar si hace por amor. Como lo haría o lo propondría el mas honesto, pero es mal visto y en eso coincido.
Todos los animales somos discrimina ores por instinto sabemos reconocer si nuestra presa tiene vida o es inerte.
Y en el ámbito mas puro de la discriminCion esta el miedo, el que paraliza ante la imagen espectral y que busca el homicidio con armas suicidas.
Y en el nombre de las discriminación crecemos como víctimas o victimarios de una sensación incuantificable pero que arrebata y ocupa espacio y que proyecta nostálgica hacia cualquier rumbo de asidero que la sostenga.
15 noviembre, 2011 a las 12:28
¿discriminar por amor?
¿el fin justifica los medios?
Dónde esta la línea entre los deseos y necesidades (independiente del valor de ellos) y la discriminación?
15 noviembre, 2011 a las 13:14
Obvio que se discrimina por amor, es un proceso de selección pensado y conciente de la naturaleza humana. Es lindo, porque suena, lindo, se ve lindo y es una declaración en metáfora de separar para buscar. Las grandes historias de amor son discriminatorias, se separa la grasa para buscar el alma, pero es un juego de simbolos en pos del idilio, y no hablo solo de lo amoroso se puede llevar a todos los efectos o estados del amor. El hombre busca su acomodo en una supuesta conmutabilidad con el otro, donde prima un valor invisible para el otro pero sustentable y que alimenta la vanidad y regocijo propio. Hacemos imagenes del otro, las moldeamos, la idealizamos y las plasmamos en cariño, en afecto, en admiración, pero discriminamos sobre la energia opuesta y su valor. Esto no es matematico el orden si altera el producto, la visión y la energia contrapuesta se obvía para el propio acomodo. El fin no justifica los medios, es la naturaleza la que discrimina, obviamente hay una conciencia maldita que se puede salir de cauce y volcarse hacia la denostación y el atropello. Pero eso son niveles incontrolables, la mayoría de los seres humanos somos discriminadores controlados. Y no está mal serlo, es el imaginario del alma que dibuja es linea también imaginaria entre el deseo y la necesidad. Una linea imaginaria que tiene un solo prima y que se proyecta desde la vereda propia. No es conmutable. No es igual en mi jardín que en el tuyo. Totalmente conciente de ello.
15 noviembre, 2011 a las 0:17
Buena aproximación al tema de la discriminación. Se requiere revalorar y resituar este concepto en la dimensión que le corresponde, como parte fundamental del yo, de mi libertad para elegir y relacionarme con el mundo. No es malo discriminar, por el contrario, es una capacidad propia del hombre y que le distingue de lo animal. Contrario al concepto que se socializa y difunde hoy, relacionado con una incapacidad de comprender y evaluar aquello distinto que me propone el otro.
15 noviembre, 2011 a las 12:30
gracias por el comentario.
obviamente estoy muy de acuerdo.
15 noviembre, 2011 a las 0:19
Se nota que trabajai en publicidad, ta guena la pescaita que vendiste
15 noviembre, 2011 a las 18:58
jajaja! wena!
gracias, cuesta venderla, no siempre es tan chankaka
15 noviembre, 2011 a las 1:10
Reposicionar el lenguaje me parece justo y necesario en su total, no creo en los actos inconcientes, eso creo es un subterfugio mas utilitarista que la medición y el alcance de una acepción proscrita por fuerza, uso y desuso.
Linda manera de terminar el día, separando la basura y los desperdicios de mi tacho lleno de palabras fuertes vilipendiadas y de mala reputación
Gracias
15 noviembre, 2011 a las 9:30
Me parece que tu apreciaciones sobre Camila Vallejo son un poco inocentes. Su afán a e4sta altura (y nop se si si alguna vez lo fue) no creo que esté en un escuchar y negociar con el otro, intercambiar puntos de vista, dialogar. Creo que lo suyo queda claro a esta altura obedece a una agenda desetabilizadora que precisamente discrimina al otro, al Presidente, a Ena von BAer (ver Tolernacia 0), a todo aquel que no piense como ella. Lo ideológico no pcomo punta de partida de una conversación sino como acto impositivo.
15 noviembre, 2011 a las 12:23
Te agradezco el comentario de la inocencia.
Vi el programa, no estoy santificando a nadie, aunque cara de santa tiene.
Sin embargo, guste o no guste, la señora Von baer ocupa un cargo designado, lo cual le resta representatividad popular, que era el tema del cual se estaba hablando. El punto es que la Sra. Von Baer, se enoja en vez de sentirse orgullosa de haber sido designada para ese cargo por sus méritos y confianza de sus colegas de partido.
Prefiere sentirse discriminada, o mejor dicho en este caso ofendida, cuando podría sentirse halagada.
saludos y gracias por el comentario
15 noviembre, 2011 a las 9:31
Te felcito por aporte. Buena columna y debate. Ojalá los medios le dieran a este tema la relevancia que merece. Saludos
16 noviembre, 2011 a las 19:07
gracias.
por mientras trataremos de hacer más relevante este medio, comentando y difundiéndolo.
15 noviembre, 2011 a las 9:45
Yo creo que el ser humano por naturaleza necesita discriminar pero no en su vertiente racional, sino como exprsión de un espíritu de supervivencia animal. Así, nos focalizamos en los errores del otro, sus caídas, intentos frustrados o anulamos sus éxitos para tapar debilidades propias y falte de coraja y disciplina para ser autenticos y lograr nuestras metas.
15 noviembre, 2011 a las 19:47
Hola. Muy inteligente, limpia y organizada tu reflexión. Gracias. Antes que nada, quisiera ir al sentido etimológico de la palabra “discriminar”: viene del latín “discriminare” y significa…a) seleccionar excluyendo, b) dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc. O sea, en mi opinión viene desde el inicio cargada de un sentido negativo. ¿Y por qué algo debe excluirse? Porque le tenemos miedo, porque nos sentimos amenazados, porque es más fácil sacar del camino lo que nos incomoda antes que aprender a lidiar y convivir con eso. Para mí, a mayor miedo e inseguridad, mayor discriminación. Claramente, ese miedo puede ser razonable y honesto y despierta en nosotros una necesidad instintiva de defensa. Pero también puede ser un temor que surge del prejuicio y de la ignorancia. Ahí, más que discriminar, es sano discernir, buscar la verdad de nuestras motivaciones, purificar el sentir y la reflexión…y ojalá dar un paso valiente de humanidad. ¿Una manera? Ponerse en el lugar de ese “otro”, caminar un rato “en sus zapatos”, tratar de mirar la realidad con sus ojos de “otro” excluido. Por último…me parece que todos tenemos momentos, espacios, lugares donde nos sentimos “lo uno” o “lo otro”. Esa es la mejor manera de sentir en la piel la exclusión, la no pertenencia, el desprecio o la falta de valoración y respeto…En fin, sólo reflexiono en voz alta por si a alguien le hace sentido.
17 noviembre, 2011 a las 20:24
comparto contigo acerca de la relevancia de la “empatía”, como paso necesario para empezar a cambiar la manera de mirar al otro.
gracias
16 noviembre, 2011 a las 0:39
Mas alla del significado de discriminación, que creo todos lo tenemos claro, la pregunta viene por cómo la combatimos. La legislación que se propone en el congreso es un paso menor. La clave desde mi punto de vista está en la educación. es en el aula, en la propia casa y en los contenidos que se promueven en medios masivos como la Tv donde se juega una solución a este problema. es ahí donde debemos poner el acento.
16 noviembre, 2011 a las 14:41
Cierto. ¿ Y cómo lograremos eso si en tv tienen programas como morandé con compañía?
16 noviembre, 2011 a las 16:39
Waton: Esto se logra con una ley de TV Digital que promueva una TV Pública (como sucede en todos los países desarrollados), que subsidie una oferta que a los canales privados no les interesa y promueva canales y contenidos culturales, educativos e identitarios-propios de las realidades locales.
17 noviembre, 2011 a las 20:28
el problema no es morandé con compañía…el problema es que morandé sea el único tipo de compañia.
17 noviembre, 2011 a las 20:26
El primer paso es de y en cada uno. Soledad en el comentario de arriba proponer la empatía. Me parece un buen comienzo, si los que legislan también lo practicarán probablemente la ley de tv digital incluiría estos intereses.
17 noviembre, 2011 a las 19:25
Gracias por tu llamado a la cordura y claridad para tocar este tema. Es algo que se agradece en estos tiempos.
19 noviembre, 2011 a las 11:45
Me gusto tu reflexion, aunque tal como dije en articulo editorial que encabeza este tema, se olvida a los grandes causantes de la discriminacion y desigualdad en chile, las clases dominantes que establecieron modelo economico y social en la epoca de pinocho y que ha sido perpetuado por sucesivos gobiernos.