La falta de público y audiencia en el arte se les está cobrando a los artistas. Han sido ellos los que han tomando la responsabilidad adaptándose, censurándose, amansándose para ser vendibles, accesibles e inofensivos. Creo también que es a la gente a quien se le cobra la falta de interés en obras de mayor reflexión. Y creo que ambas mochilas las debiera cargar el Estado, exponiendo desde el comienzo instancias de discusión, de crítica y análisis.